Decálogo para aprender a «leer» personas usando el lenguaje corporal

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Las palabras pueden ser a un tiempo tu salvación y tu condena. Las palabras clarifican, pero también enturbian y oscurecen. Pueden abrirte puertas o rodearte de muros, aislarte del resto del universo. Así son las palabras y así somos las personas. Tenemos el preciado don de la comunicación verbal pero somos perfectamente capaces de decir justo lo contrario de lo que pensamos. Sin embargo, nuestros cuerpos están mucho menos entrenados en el arte de la hipocresía y la mentira.

El cuerpo no miente. Las palabras sí. Ser consciente de tu lenguaje corporal y saber descifrar el de los demás es fundamental para que puedas crear relaciones interpersonales eficaces y plenas.

Toda tu vida te han (hemos) insistido en la importancia de las palabras. Y la tienen. Pero no en la medida en la que te han contado y, sobre todo, no de manera independiente y por sí mismas.

El estudioso Albert Mehrabian determinó que:

  • El 7% de la información que transmitimos se atribuye a las palabras.
  • El 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.)
  • El 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etcétera).

Partiendo de la base de que se trata de una generalización en la que el contexto juego un papel determinante, lo que la regla de Mehrabian determina es que el peso de lo que decimos no es tan relevante como su coherencia con lo que NO decimos.

Y es que hemos sido educados para que cuando hablamos y escuchamos nuestra atención se centre en las palabras más que en el lenguaje corporal. Sin embargo, y tú lo sabes porque al igual que yo lo has sentido, nuestro juicio incluye ambas cosas.

  • ¿Cuántas veces has sentido que alguien te estaba dando la razón pero, en el fondo, no estaba de acuerdo contigo?
  • Seguro que alguna vez has percibido la impaciencia de alguien por terminar una conversación que para ti era importante.
  • ¿Has “olido” alguna mentira?
  • ¿Cuántas veces ha dicho que fulanito o zitanito te dan “mala espina”?
  • ¿Cuántas marcas te han decepcionado porque la experiencia que prometían con palabras no se correspondía con lo que ofrecían?

La comunicación con los demás va mucho allá de las palabras.

Para “leer» a los demás tienes que trabajar y dominar tanto como te sea posible el lenguaje verbal, el corporal, el facial y el tonal. En ti… y en tu marca.

Puede que te estés preguntando por qué hacer tamaño esfuerzo. Pues bien, las razones no son pocas, y los beneficios no son insignificantes. Entrenar tu dominio y capacidad de lectura del lenguaje no verbal te ayudará, entre otras cosas, a:

⇒ Captar e interpretar un amplio abanico de señales corporales que mejorarán tu nivel comunicativo, siendo más hábil en tus relaciones personales.
⇒ Saber lo que realmente piensan, sienten y desean quienes te rodean.
⇒ Detectar si alguien te está mintiendo.
⇒ Aprender cómo atraer a otras personas… y saber de cuáles te debes mantener alejado.
⇒ Transmitir a los demás la impresión que tú desees
⇒ Conseguir la colaboración de los demás.
⇒ Salir airoso en entrevistas tanto personales como de negocios.
⇒ Vender más y mejor.

¿Merece o no la pena entrenar este músculo?

Sobre el lenguaje corporal se han escrito ríos de tinta. Literalmente. Y la razón es bien simple: nuestra supervivencia como individuos y como sociedad depende, en muy buena medida, de la capacidad que tenemos de “leer” a nuestros semejantes.

Haciendo un paréntesis en la serie de artículos sobre cómo diferenciar tu marca utilizando la comunicación, te traigo los mejores consejos sobre lenguaje corporal para que empieces a leer correctamente a las personas con las que interactúes, mejorando tus relaciones -y lo que consigues de ellas- a nivel personal, profesional o de marca.

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 10 CONSEJOS PARA LEER PERSONAS USANDO EL LENGUAJE CORPORAL

1/ CUIDADO CON SPEEDY

El lenguaje no verbal es el Speedy Gonzales de la comunicación. Ocurre muy rápido así que la práctica es lo único que puede mejorar la comprensión y el control de estos mensajes. ¡Entrena cada día este músculo!

2/ POKER FACE

Una cara inexpresiva está mostrando distancia y frialdad. Puedes usarla cuando quieras provocar incomodidad o forzar a tu interlocutor a hacer o decir algo. En caso de que sea tu interlocutor quien la muestre, mi consejo es que sigas con tu guión y observes en qué parte de tu discurso consigues alguna reacción.

3/ DE ARRIBA A ABAJO

Creo que es de las cosas que más me incómoda. No sé si a ti te ocurre. Cuando te miran de arriba abajo te sientes juzgado y, por tanto, amenazado. Evita hacerlo y, ya que no puedes evitar que los demás lo hagan, sé consciente de que en ese momento te están analizando y prejuzgando. De lo robusta que sea tu autoestima dependerá hasta qué punto te influyan este tipo de “barridos”.

4/ OJOS QUE TODO LO VEN… Y TODO LO CUENTAN

Es uno de los puntos más delicados. Nada genera más seguridad y confianza que una mirada amigable y sonriente. ¿No te ha ocurrido ante algún auditorio que tiendes a mirar a la persona con la mirada más amable y conciliadora?
Tu mejor baza para seducir es aprender a ofrecer ese tipo de mirada. ¿Cómo se hace? Pues echando la vergüenza por el retrete y ensayando delante de espejos o ante el móvil, hasta que des con tu mejor mirada-sonrisa. Y practica, practica, practica…hasta que te salga lo más natural posible.

Si hablas con alguien que de manera reiterada desvío su mirada, esto te hará sentir tenso, porque pensarás que no generas interés o atención en tu interlocutor, o que hay algo en ti que le desagrada.

Algo parecido, pero por motivos diferentes, ocurre cuando te miran muy fijamente. En este terreno, tienes que practicar la graduación: aumentar y reducir el contacto ocular para acabar adaptándolo a la persona con la que te relaciones. Y no olvides que, por regla general, mira más a los ojos quien escucha que quien habla.

5/ DIENTES, DIENTES

Las sonrisas pueden ser un bálsamo o cicuta en vena. Es preferible mantenerte serio a mostrar una sonrisa fingida o falsa, porque éstas denotan aburrimiento y falta de interés. Hay gente que predica el control y la mesura en las sonrisas y risas (y en el lenguaje corporal en general). Yo, que soy excesiva en expresividad por naturaleza, si bien coincido con el dicho aristotélico de que en el término medio está la virtud, creo que las sonrisas y risas deben ser espontáneas, abiertas, generosas. Y, ante todo, naturales. No pelees contra ti mismo en este punto.

6/ EL FROTAR SE VA A ACABAR

Cuando tengas conversaciones en las que quieras dejar una buena impresión, presta atención a estos gestos, para evitarlos en ti y leerlos en los demás:

⇒ Frotarse la cara o la cabeza de manera reiterada muestra duda, desinterés o frustración.
⇒ Si lo que te frotas son los ojos o las orejas con manos y dedos, manifiestas duda o falta de interés.
⇒ Frotarse la nuca es síntoma de frustración o tensión.
⇒ Rascarse o frotarse la nariz evidencia aversión, rechazo.
⇒ Tirarse de la propia oreja muestra necesidad de interrumpir, impaciencia.

Ten presente que estos gestos son significativos si se repiten o son muy ostentosos. Evita entrar en modo “paranoia”.

 7/ MANOS ARRIBA

La relación entre tus manos y tu cabeza es algo que debes cuidar especialmente. Ten en cuenta esto:

⇒ Si apoyas la cabeza en tu mano abierta y dejas caer barbilla y ojos estarás mostrando aburrimiento. Evítalo cuando tengas conversaciones importantes.
⇒ Si la mano está apoyada en la mejilla con los dedos doblados pero el índice extendido hacia la sien, manifiestas interés y atención, sobre todo si te inclinas hacia adelante.
⇒ Justo lo contrario pasa si reposas tu barbilla en la palma de la mano con el dedo índice cerca de la nariz y los otros por debajo de la boca. Estarás mostrando evaluación crítica. Si acompañas este gesto con un alejamiento de tu interlocutor, estarás evidenciando, además, pensamientos críticos, cínicos y negativos.

8/ MANOS, ¿PARA QUÉ OS QUIERO?

Vigila especialmente no apretar las manos la una contra la otra de manera muy notoria porque puede ser interpretado como muestra de desaprobación o de sospecha de que estás intentando imponer tu criterio, de que estás abrumando a tu interlocutor.

Cuando negocies algo, evitar retorcer las manos (para nos mostrar ansiedad) o frotarlas suavemente (expectación y deleite).

En este apartado, un buen gesto del que puedes sacar partido es juntar las puntas de las manos, simulando una oración, ya que mostrarías autoconfianza.

9/ ¡FIRMES!…PERO NO TANTO

Esta parte a buen seguro ya la conoces pero nunca está de más un recordatorio rápido:

⇒ Si alguien se sienta ante ti con la espalda erguida, los pies plantados y mirando fijamente al frente, es probable que esté pensando en sus propias cosas. Ha desconectado y tienes que recuperar su atención.
⇒ Si tu interlocutor se sienta con las piernas cruzadas y las mueve continuamente, es que está nervioso, inquieto, impaciente o sencillamente aburrido. En cualquier caso, no es buena señal.
⇒ Procura inclinarte hacia adelante, y si te sientas en el borde de la silla mejor (interés e implicación); por el contrario, evita inclinarte hacia atrás (actitud defensiva o sentimiento de amenaza).

10º   LAS MANOS QUIETAS, QUE VAN AL PAN

Aquí me refiero a los accesorios, esos que te ayudan a ocupar las manos, que te otorgan seguridad pero que pueden delatarte, ya sean tus gafas, un bolígrafo, el teléfono, un anillo, el reloj…

⇒ Si tu interlocutor se baja las gafas, cuidado, porque no está creyendo lo que dices.
⇒ Si se pone a limpiarlas, está reflexionando sobre lo que le dices. Baja el ritmo o pídele que te diga lo que piensa.
⇒ Si pone la patilla en la boca: está intentando no hablar para concentrarse en escuchar. También puede querer más información.
⇒ Si juguetea recurrentemente con cualquier accesorio, puede estar aburriéndose o no estar pensando en lo que tú le cuentas.
⇒ El móvil hay que mantenerlo alejado de las manos. Ni se te ocurra mirarlo, consultar un mensaje o conectarlo para ver la hora en medio de una conversación o juguetear con él dándole vueltas sobre la mesa. Si necesitas saber qué hora es, pregúntaselo a tu interlocutor o conecta el temporizador de tu alarma para que te avise cuando el tiempo estimado de finalización se acerque.

 

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Recuerda que ninguno de estos gestos tiene sentido por sí solo. Has de observar el comportamiento en su conjunto y tener en cuenta, claro está, el contexto. Evita sacar conclusiones precipitadas o parciales y ten en cuenta que tus propios gestos pueden afectar a los de la persona con la que hables.

Y por último, ten muy presente que el tono de voz, los movimientos, los gestos delatan lo que tus interlocutores pueden pensar, desear o sentir, pero no las razones que tienen para ello. Si tu objetivo es lograr influir o cambiar esos pensamientos, deseos o sentimientos, utiliza el superpoder de las preguntas.

Si quieres entrenarlo a fondo, te aconsejo que te hagas con mi workbook con “10 pasos para dejar los lugares comunes y empezar a comunicar para diferenciarte” porque, entre otras razones, esta es la última semana en la que podrás adquirirlo al precio de lanzamiento. A partir de octubre, se acabó la oferta y el descuento.

Espero que este decálogo te ayude a mejorar tu comunicación y la de tu marca. El quid de la cuestión está en tan sólo dos palabras: coherencia y propósito.

 

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